¿Producen enfermedades las antenas móviles?

OMS dice que no. Mitos urbanos y fallos judiciales sin sustento científico aumentan los miedos.

Por años se han comentado sobre los efectos de las radiaciones de las antenas para telefonía celular en la salud humana. Aunque si algo tiene de peligroso este tema, más incluso que el supuesto impacto, es la desinformación que hay alrededor de una situación que se trata con irresponsabilidad en medios y estrados judiciales.

La semana pasada volvió a comentarse sobre esto por el pronunciamiento de la Corte Constitucional que se afianzó en un concepto previo en el caso de un menor de edad en Bogotá enfermo, “al parecer”, por el efecto de una antena de telefonía celular cerca de su casa.

Lo complejo del caso es que la misma Corte reconoce que no hay base científica probatoria para su concepto. Ordena, no obstante, al Ministerio de las TIC reorganizar los permisos de instalación de infraestructura móvil lejos de viviendas, colegios, hospitales, hogares geriátricos, parques, etc., ‘por si las moscas’. Complejo.

Con esto, la Corte no solo alimenta los mitos de la gente, sino que desconoce los estudios que la Organización Mundial de la Salud, (OMS) tiene al respecto. No se puede avivar los miedos de a ciudadanía, acrecentar sus dudas y reafirmar malos entendidos, incluso a sabiendas de que no hay cómo probar la base que supuestamente sustenta su decisión.

La gente tiene derecho a saber cuáles son las reglas de instalación de las antenas en sus ciudades y municipios. Pero no existe una normatividad nacional para ello. Cada pueblo regula a su acomodo y parecer con ordenamientos que en algunos casos rayan con lo ridículo. Y tomarán como argumento este pronunciamiento de la Corte para empeorar todo. A la cantidad de permisos y trámites para instalar una antena, distintos en cada población, se sumarán los mitos y temores de los ciudadanos.

Pelear contra las antenas es pelear contra la calidad y eficiencia del servicio de comunicaciones móviles que tanto necesitamos. Vea nota sobre los lugares con mayores problemas para instalación de antenas celulares.

La OMS, esta sí con estudios científicos, definió las potencias máximas de radiofrecuencia permitidas que no generan impactos en la salud humanaLa radiación de un secador de pelo o de un horno microondas es mucho más fuerte y potencialmente riesgosa, frente a la de una antena celular, dice la entidad. La Agencia Nacional del Espectro (ANE) creó un mapa nacional (véalo en este enlace) de radiaciones de las antenas, que muestra, en casi 30.000 mediciones, que las emisiones son hasta 500 veces menores a las permitidas por la OMS. Cualquier colombiano puede pedir a la ANE que vaya a su casa y mida con equipos especializados la radiación de una antena cercana.

Por mitos urbanos no se debe dictar providencia constitucional. Eso es muy grave.

¿Cómo solucionaron los países de primer mundo? Con más antenas (¡sí, más!), pequeñas, en vez de grandes, que mejoran la calidad y reducen aún más la radiofrecuencia. Existen tecnologías para hacer imperceptibles a las radiobases. Entre más antenas pequeñas, más baja es la potencia que se requiere para surtir señal y menor la emisión de cada celular, en la oreja, para conectarse. En las principales ciudades del mundo ya no se ven antenas celulares como las que poblan a Colombia. Los faroles, lámparas del alumbrado público, puentes, árboles, fachadas de edificios y hasta monumentos poseen las radiobases mimetizadas. A ello deberíamos invitar a nuestros operadores. De esta manera se endereza otra de las resistencias populares contra la infraestructura de telecomunicaciones: afean su barrio y lo ‘desvalorizan’.

Prohibir que en una zona se instalen antenas es condenarla a una mala señal, un mal cubrimiento, a un mal servicio por el cual luego se quejarán sus habitantes que, por las creencias sin fundamento científico, temen sobre el supuesto efecto de una tecnología que la OMS declaró como no nociva cuando se usa bajo ciertos estándares, los cuales se cumplen en nuestro país según la ANE.

El reto no es ir en contra de las telecomunicaciones. El reto es armonizar la apropiación de la tecnología con el bienestar de todos, algo que no se logra alentando el alarmismo sin sustento.

Fuente: El Tiempo de Bogotá